50 Años del golpe de Estado


 Querido Lector.

Permítame compartir con usted mis reflexiones en esta carta, como miembro de la generación nacida en 1997, uno de los últimos años del siglo veinte. Aunque no viví directamente la dictadura en Chile, me siento compelido a expresar mis pensamientos y sentimientos mientras conmemoramos cincuenta años desde aquel oscuro capítulo de nuestra historia.

A lo largo de mi vida, he tenido la oportunidad de escuchar relatos y experiencias de mis seres queridos sobre aquel trágico y sombrío período en la historia de Chile. A medida que pasaban los años, me he dedicado a investigar y profundizar en el conocimiento de ese quiebre institucional que se extendió desde 1973 hasta 1990. Ahora, en mi rol como trabajador social, reflexiono sobre el cambio que ha experimentado Chile. La tecnología ha llegado, y han tenido lugar numerosos cambios tanto en nuestra nación como en el mundo en general. Sin embargo, me planteo una pregunta fundamental: ¿ha cambiado algo esencial en nuestra sociedad desde la dictadura?

Aún vivimos con la incertidumbre de no saber qué sucedió con muchos de nuestros compatriotas desaparecidos. Han transcurrido cincuenta años, tiempo en el que muchos familiares han partido sin tener respuestas. Como país, tenemos aún un largo camino por recorrer hacia la unidad democrática y la superación de divisiones. El 11 de septiembre no debería ser una fecha de bandos, sino más bien un día de encuentro, de escucha y, sobre todo, de reflexión. Recientemente, la Iglesia Católica ha convocado a todas las parroquias a tocar 50 campanadas en memoria de los detenidos desaparecidos, una iniciativa que nos invita a reflexionar y orar por las familias afectadas y por la paz en Chile.

Es esencial dejar atrás las rencillas y, sobre todo, la división política. En este día, lo más importante debería ser un momento en el que toda la clase política se reúna para reflexionar sobre nuestras acciones y decisiones como sociedad. Me ha impresionado la idea del presidente Boric de convocar a todos los partidos políticos a llegar a un acuerdo por la democracia, una iniciativa que, lamentablemente, no fue respaldada por la derecha.

Este momento me hace recordar las palabras del Padre Hurtado, quien instaba a la clase política a velar por los intereses de los más necesitados, por los desamparados, los pobres y los mendigos. La política debe ser un servicio al pueblo, no una herramienta para el enriquecimiento personal. Sinceramente, espero que Chile continúe prosperando y que siga inspirando a la juventud a buscar un cambio radical y próspero, basado en el acuerdo y el diálogo, en lugar de la división y los desacuerdos. Esto podría comenzar recordando el acuerdo entre los últimos cinco presidentes en democracia de nuestro país.

Anhelo que Chile sea un lugar venidero, donde la justicia y los derechos sociales sean equitativos para todos y todas, sin rencores ni divisiones. 

Chile Vive por siempre.

Con respeto y esperanza, 

Ismael 


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