Pensar con razón no por Color
Señor Director:
Escribo estas líneas con el único afán de invitar a la reflexión, desde un lugar honesto y sin ataduras ideológicas. No represento a un sector político ni a una trinchera partidista. Me mueve la razón, pero también la empatía. Y me preocupa profundamente la manera en que, con cierta liviandad, se están tomando decisiones que rozan el resentimiento disfrazado de justicia.
Me refiero a la propuesta de restringir o eliminar las pensiones de los expresidentes de la República. Lo que debería ser un debate serio, informado y con altura de miras, hoy parece estar contaminado por un ánimo revanchista, que apunta más a castigar a una persona que a construir un país más justo. Cuando se actúa desde la animadversión y no desde la equidad, corremos el riesgo de socavar los pilares básicos de la convivencia democrática.
Ser presidente de la República no es solo un cargo: es una carga. Es llevar sobre los hombros el peso de todo un país, de sus dolores, sus sueños, sus frustraciones y esperanzas. Es vivir años intensos, sin tregua, donde cada decisión es observada, cuestionada y muchas veces incomprendida. Independiente de las posturas, ningún mandatario sale indemne de esa experiencia.
¿Realmente creemos que es justo que, al término de esa entrega, la respuesta sea recortar su pensión como castigo simbólico? ¿Qué pasaría si esa lógica se aplicara en nuestras propias vidas? ¿Si, luego de haber trabajado con vocación y esfuerzo, alguien nos dijera: “Tu pensión ya no te corresponde, porque no me agrada lo que representas”? No se trata de defender privilegios, sino de defender principios.
Me preocupa, particularmente, el argumento que ronda en torno a la edad del presidente actual. Que Gabriel Boric tenga 40 años al final de su mandato no debería ser razón para deslegitimar su trayectoria ni menos para restarle dignidad al cargo que ostenta. Ser joven no es sinónimo de menos esfuerzo, ni su edad borra los años de exposición, desgaste y sacrificio. La democracia no puede ser selectiva en su respeto.
Chile necesita menos decisiones motivadas por la pequeña política y más gestos nacidos del respeto institucional. Hoy es Boric, mañana será otro. No se trata de nombres, se trata de no perder el horizonte. Las naciones grandes lo son cuando son capaces de cuidar incluso a quienes piensan distinto, cuando entienden que gobernar es también proteger a quienes han servido, más allá de sus aciertos o errores.
Seamos justos. Pensemos con la cabeza, pero también con el corazón. Porque cuando la política olvida la humanidad, lo que pierde no es una persona, es el país entero.
Atte
Su servidor



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