Chile no te entiendo
Señor Director:
Las elecciones presidenciales realizadas el día de ayer en nuestro país han concluido con un resultado claro y legítimo desde el punto de vista democrático, consagrando como presidente electo a José Antonio Kast. Sin embargo, este desenlace deja en una parte importante de la ciudadanía una sensación de desazón y preocupación que merece ser expresada y escuchada en un espacio plural y respetuoso como lo es este medio.
Para muchos chilenos y chilenas resulta difícil comprender que un discurso basado principalmente en el temor, la seguridad rígida y una visión restrictiva del rol del Estado haya logrado imponerse en las urnas. Más aún cuando el programa del presidente electo contempla recortes significativos a beneficios sociales que han sido fruto de años de esfuerzo colectivo y de avances democráticos construidos con diálogo y participación ciudadana.
No se trata de desconocer la voluntad popular ni de cuestionar la legitimidad del proceso electoral, sino de expresar una inquietud profunda respecto del rumbo que podría tomar el país en materias sociales, laborales y de derechos fundamentales. La democracia no se agota en el acto de votar; también se fortalece cuando las distintas miradas pueden manifestarse con responsabilidad y respeto.
Sabemos que el tiempo no puede retroceder y que el veredicto de las urnas debe ser asumido con madurez cívica. En ese sentido, corresponde ahora aceptar el nuevo escenario político con la convicción de que el país debe seguir funcionando sobre la base del respeto institucional, la convivencia democrática y el apego irrestricto a los derechos humanos.
Desde hoy, quienes no compartimos este proyecto político asumimos el rol de oposición, una oposición que debe ser firme, vigilante y profundamente democrática. Nuestro deber será observar, fiscalizar y defender aquellos derechos y beneficios sociales que tanto costó conquistar y que representan avances concretos en la calidad de vida de millones de personas.
La oposición no puede limitarse a la crítica circunstancial, sino que debe ser propositiva, responsable y cercana a la ciudadanía. Es momento de cuidar los espacios de diálogo, de fortalecer las organizaciones sociales y de mantener viva la participación cívica como un pilar esencial de nuestra democracia.
Asimismo, este nuevo ciclo político nos invita a una reflexión profunda. Replantear ideas, revisar estrategias y renovar convicciones no significa renunciar a los principios, sino fortalecerlos con autocrítica, aprendizaje y una mayor conexión con las demandas reales de la sociedad chilena.
Con la mirada puesta en el futuro, el desafío será reconstruir mayorías, recuperar confianzas y trabajar con perseverancia para ofrecer, en el plazo de cuatro años, un proyecto de país que convoque, incluya y devuelva la esperanza de un Chile más justo, solidario y democrático para todas y todos.
Atte
Ismael C.



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